jueves, 8 de junio de 2017
Hace frío
Hace frío.
Las redes sociales me hunden en la desesperación del mudo.
No hay árboles resistentes, todos han quedado si hojas.
Las ramas, desnudas, dicen que el barrio ha muerto de tanto buscar un futuro burgués.
Me anudo.
Se me viene encima la idea de una billetera que va a matarme de hambre y quedo sin cimientos.
Estoy siendo vulnerable.
Estoy quedando sin alrededores amistosos.
Mi cabeza se hunde en la desesperada Irene que no puede dar aliento.
En la niña Irene.
En la muñeca colgada del balcón en el recorrido del colectivo 7 hace un siglo.
La tarde de jueves disuelve los acuerdos. El Papa se me escapa entre los dedos.
La religión de mis socios me encabrita.
Hace frío. No es un gran frío. Es una embestida de la orfandad.
Es un lazo con la fobia, una ansiedad.
La terrible impresión de que no voy a poder salir airosa.
jueves, 1 de junio de 2017
Yo quería ver tus ojos
lunes, 13 de febrero de 2017
Otro insomnio
el cuello cargando con sus cuitas
la luz de artificio que rompe la cortina
y un nada será igual
que se repite todas las noches.
Es el espectáculo de mi cuerpo
que no puede replegarse y electriza.
Es la noche en guerra
abandonando sus juegos porque necesita continuar
no sé qué asunto que por el momento desconozco.
lunes, 28 de noviembre de 2016
Nuevo capitalismo
domingo, 20 de noviembre de 2016
Tengo ante mí el diario de hoy
jueves, 17 de noviembre de 2016
Arrecia la noche
lunes, 24 de octubre de 2016
¿Quién eras?
jueves, 29 de septiembre de 2016
Este cuerpo
domingo, 5 de julio de 2015
ME RONDA
una canción donde las hadas encadenan
me ronda una música de trinos que se ahogan
después me ronda un silencio
me ronda una cuerda
una vibración de alas que motoriza el aire y me despeina
me ronda el despeinarse
un desabrochar el corpiño y echarse a la tierra con la fuerza del caído
un abandonarse y dejar ir olas de la melodía y de su cárcel
me ronda la ausencia y sus compases
me ronda la síncopa y los contratiempos
me ronda una lúbrica cantinela de murmullos amorosos
una melodía de atar cabos y largar las cintas
un cantar con begonias de lazos azulados
y la mirada impune del que duele en su dolor durmiendo una siesta
rondada que estoy
las notas de un acorde se acomodan al alarde
se abre mi brazo hacia la calle
la mano tocando ala risueña y una piedra
en el pecho
que grita “aquí hay algo por decirse”
HAY UN SINATRA
Hay un Sinatra que entra por el verano y me despierta
esa voz –inconfundible- arma y desarma las palabras que el inglés no deja confundir
va al punto
ese sonido
y a dónde llega, da en el blanco.
Mecedora para el alma,
que se viste de luz mientras escucha para dar de comer a su mejor amigo integrándolo a la mesa.
Hay un Sinatra que se hace siesta de otoño en el colectivo que nos lleva al trabajo
paz de palacio vacío en mi oficina
y almohada para cuando camino por la ciudad a 39 grados centígrados
y suena
como si tomara de la mejor agua –miércoles 15 horas, verano, buenos aires, argentina-.
Hay un Sinatra que es de nuestra familia
duerme en mi dos ambientes y me acaricia cuando tengo miedo o cuando me ahogo al dormir
me sirve un whisky y es como yo quiero que sea mientras yo soy como quiero ser y nos miramos.
Hay un Sinatra que me cuida la garganta
a las cuatro y quince de la madrugada baja las revoluciones de mi ventilador de techo y me tapa –suave la sábana-
sube a mi cuello un caramelo de propóleo y me cuenta que David duerme tranquilo y que la ciudad ya comenzó a repartir colectivos a velocidad de abuelo con carraspera.
Hay un Sinatra que amo como a un padre que nunca falta cuando necesitamos sacarnos ese mechón rebelde de la cara que nos tapa un ángulo del paisaje.