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martes, 5 de septiembre de 2017

DÓNDE DEBERÍA ESTAR LA VOZ

Ahí donde el cuerpo se muere de sed.
Donde los árboles se fueron desnudando.
En el punto preciso de la mudez. En la ronda donde los malandras hablan su guerra. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

En estas ciudades, en las casas apenas iluminadas. En la renguera.
Cerca de los nudos más negros de lo que buscamos.
Apuntando al centro del deseo o al encantamiento. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

En el dorso de nuestras rodillas.
Al margen de la hoja de primer grado y en la hoja.
En el patio de la abuela. En la cárcel. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Ahí donde nos morimos de pesadumbre o de amor.
En esa tarde en que nos dejaron solas.
En la noche preparada para la soledad y sus ángeles. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

En el lugar preciso del remordimiento y la apatía.
En los recovecos de las axilas.
En la más cerrada de las gargantas. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Rodeando las articulaciones artríticas.
Abrazando los corazones infartados.
Bailando dentro de las arterias taponadas. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

En el perfume de los bebés. En los pechos.
En el padre de todos los errores y en los gansos.
En la jaula del león recientemente liberado o puesto a morir. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Sobre las teclas de la computadora y en el touch del teléfono.
En los comandos de la tablet y en el libro electrónico.
Sobre la rancia maledicencia del conductor de televisión y sobre los programas culturales. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Perforando el pasado. Urdiendo el presente.
Enredando los collares del coqueto.
Besando los impecables muslos trans. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Encadenada a los besos de las mujeres.
Bailando el frenesí de los miles de sexos.
Enlazándose con hombres que se aman. Con hijos que se aman. Con tíos que se aman. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Acariciando conciencias cis. Prologando encuentros amorosos.
Escribiendo las paredes de los edificios públicos.
Pintando de color rojo los labios de Eleonora. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Imaginando el futuro de tus sobrinos.
Recordando que alguna vez fuiste un caminante.
Oficiando de cura en una religión benefactora y permisiva. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Escuchando los maravillosos dientes de Ema o los ojos de su madre.
Arrabaleando las astucias del niño que sobrevive.
Merodeando alcoholes y desdichas. Adivinando horizontes. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Soplando sobre las pestañas del ser querido. Abrazando al hijo.
Insultando al ministro o al secretario de seguridad.
Desenrollando las máximas de los idiotas a cuerda. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

En el entramado de tus labios.
Rodeando tu pubis. Perfumando tu saliva.
Acompañando el movimiento de tus caderas y el sonido de tu nombre. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Molestando al burgués. Olfateando al oligarca.
Desarmando los ideales del policía metropolitano.
Poniendo a desarmar gendarmerías y covachas. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

En los prostíbulos monotributistas. En las farmacias.
En los laboratorios cannábicos y en los hospitales de infecciosas.
En las ópticas y en las ortopedias. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Mirando el garabato multicolor y multiforme del jardín de infantes.
En la suma de los primeros números. En los dedos de los chicos.
En el saludo arrancado a regañadientes del diariero. En el grito de la sirena. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Rodeando los tribunales. Mareando jueces de la nación.
Desactivando mafias enruladas y runflas traicioneras.
Comprendiendo las escaleras de caracol. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Donde los flequillos tocan levemente a las pestañas. En la verruga abandonada al cirujano.
Bajo las uñas de la enfermera. Entre los dedos del guante de latex. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

En los talleres gráficos. En los trenes. Atravesando la ciudad en el colectivo 2.
En un bote por Paraná de las Palmas enfrentando la tormenta. Entre los juncos. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

En la grilla del campeonato mundial de fútbol. Rondando los estadios.
Pidiendo pista en el cementerio o en la parrilla al paso.
Midiendo con ardor los vacíos del afecto. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Donde los adolescentes se encierran. Donde los adolescentes se aman.
Donde plantan sus banderas o sus cigarros.
Donde deciden hacer sonar una melodía o donde se callan. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

En el cuenco de la mano. Bajo las sillas del boliche a media luz.
Cruzando el tango con estilete de lágrima o de sonrisa. Abriendo la chacarera hasta brindarla en bandeja de plata. En la galera del mago. Allí debe instalarse la voz. Y si fuera posible, el canto.

Debe instalarse la voz, la voz como edificio.
Imbatible.
Como ajedrez del alma.
Como el barrio y como el universo.
Como la justicia por fin lograda.
La voz como cimiento, como nube y como espada.
La voz como carne y como vacío. Como merienda.
La voz que se echa a andar y que bebe de todas las aguas…

Y si fuera posible, también el canto.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Bs. As., 5 de septiembre de 2012



a mauricio macri 

llevo el nudo de los tiempos argentinos
lo veo atado al nudo del mundo
una historia de desarrollos y ahorcamientos
donde siempre son los mismos
los dueños de la soga

no hay manía ni agresión ni multiformes
es una mirada sencilla
ávida de ver
sedienta de no quedar expuesta al hambre
una forma de señalar mentirosos

llevo en mi bolsillo la incansable gana
la sabiduría:
nada burgués termina bien para nosotros
ninguna indicación del magnate es buena para mi boca
siempre habla para él
construye para él
muestra para él
en su sinergia de mezquino
mi mano solo importa cuando el brazo es el palo que frena la rueda y la intención de desarmar su energía

ellos nos ignoran
pero saben cómo -desde sus calles arboladas-
construir un mundo para que lo creamos nuestro
nada nos pertenece si no es pagando/les
construyendo sus columnas sus menemismos
sueño a gramsci
a nuestro lennin embellecido
sueño un contorno de esta zona
paradigmas americanos indios indigentes aborígenes inmigrantes
para disolver que morimos niños en hospitales por los que nadie da un peso

no podemos con el mar de sus códigos
no tenemos las mismas palabras
no hay entendimiento
estamos en otras calles
escuchamos otras músicas
comemos otras comidas
amamos a otra gente
besamos otras madres
amamantamos a otros hijos
si el género humano fuera uno
este hecho quebraría la uniformidad

tengo gente igual a mí que es distinta
habla otra cosa
y compra reales al cafetero que tampoco se me parece
negocian monedas en su avaricia y nos matan
como si fuera legal matar la prole

ya lo dice la historia ¿qué harían sin nosotros?
¿a quién venderían sus bagatelas?
nuestro máximo problema es que les somos necesarios
como el peón
como el mediopelo
como el zapatero remendón de su memoria

tengo gente igual a mí que es distinta
habla otra cosa
esgrime su bondad y sale a matar negros
su democracia es para cuando puedan pasan por lavandina a los morochos
y yo odio y sin culpa
odio odio odio odio odio odio
-como ellos odian también y no lo dicen-
nada de malo tiene el odio cuando construye casas
cuando empuja y da fuerza a mi uña
quiero arañar como cuando supimos la verdad
y estropearía el cuello del genocida por su brutalidad y por los motivos de su tarea

digo las clases y los desclases
y digo las músicas innobles y los nobles
arcanos de un mundo mullido en oro
no proponen un comercio desleal
buscan consenso del consenso
donde la elección es entre dos opciones que abultan sólo sus cuentas
no hay lugar para nuestros codos en su mesa
no hay tren para nuestros viajes
no hay canción para nuestra molécula
todo parece necesitar la aprobación de sus muslos millonarios
y a la rastra
el mediopelo de esta emperifollada ciudad canta loas al rey de los paparulos

jueves, 21 de junio de 2012

Con fuerza de buey

Comentario: este poema lo escribí hace diez años... 
                                               a Santillán y Kosteky
                                               para Pablo y Florencia

Un rumor
es un rumor como de buey haciendo fuerza
una camisa que fue blanca, tal vez,
hubo unos dientes.
Una mordida, dos piedras, una tuerca
el arsenal de la lluvia
la presencia
lo que fue adoquín, lo que fue baldosa
150 de nada una vez al mes y la tormenta de ver lo que destruye.

Hay un todos los días como gangrena hundiéndose en mis ojos cuando perdí lo que antes tuve y merecía.
Hay un desgarro cada mañana en el vacío del no tener qué
y el verbo hacer va ensuciando la casa, dejando caer el revoque, desubicando las chapas, royendo los cartones.

Hay un rebote de sin futuro que se ubica en la palma de la mano y que va a dar
inútilmente
en la cara de los hijos:
el golpe no es leche, no es beso
se escucha por detrás de los ojos sordamente.

Y en medio de todo lo ausente
de todo lo que falta
de todo lo que antes hubo
o lo deseado
también se les ocurre que matarnos es más fácil
¿cómo construirán ellos su alma?
si a nosotros
-tan sin nada y tan personas-
nos está costando. 

martes, 5 de junio de 2012

Rastreros

El dolor o la injusticia
la misma cosa en enredos de campestres
dueños de las mañas y las zarpas
con las que querrán ahogar -por siempre-
los bombos de la calle.

Y sedientos, mientras sedientos, se agazapan
prenden sus uñas y escarban buscando
no perder lo que de triunfo en oro creen su sangre.
No importa la muerte, ni los negros, ni los niños.
No importa la delicadísima dulzura del salario.
No importa los salvados del hambre...
ellos son, dicen son los dueños y no resignan ni miga ni bocado.

Y rastreros y muletas y aguerridos los media clase
sacan a lucir sus abanicos para darse fresco en las esquinas.
Tienen miedo.
Andan con sus ollitas de gourmetes desvalidos
abstinentes de dólar y subsidios.

Los media clase buscan parecer
parecen lo que no son
desean lo que no pueden
hablan lo que no saben
y ni siquiera son ricos...

Mientras haya el dolor o la injusticia es donde mejor se sienten:
que paguen los negros

¡para eso estamos!

martes, 11 de enero de 2011

5 partes de hoy

I

Un fantasma se me acerca,
se apoya en mi hombro resucitando la figura del pirata y me da
—conmovido por un tinte de violencia—
una sonda de aliento para que antes de explotar, mi odio sirva a las palabras.
El fantasma trae sus ojos de miope y el convencimiento de que la neutralidad muere con los mismos neutrales
y que esa impericia no puede pasarnos a nosotros, tan embarcados al dolor ajeno.
El miope sabía cómo debía escribirse para que el hoy no naufragara.
Era profundo y caviloso y yo lo amaba.
No tengo sus virtudes.
Soy de otra estirpe pero la injusticia me trepana.
Rindo a su memoria esta brizna de valentía y asumo que en mi alarde juego con su memoria
inalcanzable.
En su honor digo:
Ya no la justicia, una gota de cosas justas los desata:
aparecen los colmillos, las zarpas; se montan a sus robados privilegios y comienzan la faena:
Vienen de rapiña.
No soportan que todavía tengamos zapatos.
Nubarrones, tormenta que se desencadena y escupen sus discursos.
Salivan, se desatan.
No pueden parar.
Rastreros.
Alienados de causas pueriles.
Arrebatadores de todos los colores.
Reyes del complot.
Se desatan.
No pueden parar.
Negreros.
Finos esclavistas.
Estiletes genocidas.
Salivan, se desatan.
Vociferan.



II
Después de tener las uñas del frío;
después de haber hecho coincidir en mí todo lo sufrible de esta ciudad y sus mandones